domingo, 17 de agosto de 2014

Presentación




Una de las cualidades más cautivantes de la literatura es la de poder contener cualquier entidad existente en el universo. La historia, por supuesto, entra en ese universo. Lo hace con la particularidad de mantener algunas veces una relación dinámica con la literatura: ambas pueden devenir en la otra.
Los ejemplos en nuestro país son muchos y muy ricos. Moreno, Belgrano, Castelli: todos escritores pertenecientes a nuestra elite intelectual encargada de darle letra al movimiento emancipatorio de Mayo de 1810. Los integrantes de la generación del 37, encargada de sentar las bases de la república, además fueron autores de los primeros clásicos nacionales: Echeverría con El Matadero, Sarmiento con Facundo, Mármol con Amalia. A través de la literatura se intentó dar identidad a una nación necesitada de héroes, mitos, un pasado en común. El Martín Fierro es nuestro libro nacional y, tiempo después, los modernistas intentaron reivindicarlo, a la vez que pretendieron un segundo proceso de creación de una literatura nacional. Además, esa generación, si bien renegó de Lugones, también lo supo tener como maestro. Hay ensayos que afirman que con el suicidio del poeta se termina el modo de ser del escritor comprometido enérgicamente con la política nacional.
No hay mejor modo de conocer a un personaje histórico que teniendo en cuenta su producción misma como elemento primordial. Al mismo tiempo, ningún escritor deja de ser un escritor de su tiempo. Hechos y letras se conjugan dinámicamente en una misma cosa. Letras por la historia intentará recorrer la historia desde un modo literario y la literatura desde un modo historicista.

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